El largo y sinuoso
camino hacia la basura cero
La nueva licitación bajaría a dos la cantidad de
empresas dedicadas a la recolección. Mientras, el gobierno
porteño propone gravar a las que producen envases. En vez
de bajar, como exige la ley, la generación de basura aumentó
un 10 por ciento en 2007.
casi medio año de gestión,
el macrismo elabora su primera propuesta para reducir la generación
de residuos en la ciudad: la elaboración de una ley de
envases mediante el cual se cobre un arancel a las empresas que
generan productos con packaging, con un monto proporcional al
impacto ambiental de cada embalaje, según revelaron a PáginaI12
fuentes del gobierno porteño. Para lograr ese objetivo,
los que impulsan esa propuesta deberán resistir el lobby
empresario que viene frenando un proyecto similar en el Congreso
nacional. En lo inmediato, podría reducirse en un diez
por ciento el volumen de basura que se entierra en los rellenos
de la Ceamse (Coordinación Ecológica del Area Metropolitana
Sociedad del Estado) mediante la recuperación de los escombros
y el producto de la poda: la ciudad paga para su disposición
final cuando podría utilizarla para relleno, evalúan
en el Ministerio de Ambiente y Espacio Público. A esas
propuestas se agrega el nuevo pliego de licitación del
servicio, que el Ejecutivo enviará en unos días
a la Legislatura, y que contempla dividir el negocio de la basura
–hoy dividido en seis zonas– entre solo dos empresas
privadas.
Las propuestas se conocieron después
de la reunión de la Comisión de Seguimiento de la
ley de Basura Cero, que se llevó a cabo hace una semana,
con la participación de representantes de cooperativas
de cartoneros, entidades ambientalistas y miembros de las cámaras
de empresas productoras de los distintos tipos de envases, con
autoridades del ministerio. En ese encuentro, las organizaciones
hicieron oír su reclamo por las demoras en la implementación
de la ley.
La norma, aprobada por la Legislatura
a fines de 2005, contempla un plan de reducción de los
residuos destinados a relleno de un 30 por ciento para el año
2010, del 50 por ciento para el 2012 y del 75 por ciento para
2020, tomando como base los valores de 2004: 1.497.000 toneladas.
La ley se reglamentó recién en 2007, un año
en que la basura destinada a los rellenos de la Ceamse, en lugar
de reducirse, creció más de un 10 por ciento: 1.650.000
toneladas.
En la primera reunión de la Comisión
de Seguimiento durante la gestión del macrismo no estuvo
ausente la polémica. El jefe de Gabinete de Ambiente y
Espacio Público, Fabián Rodríguez Simón,
les pidió a las organizaciones ambientalistas Greenpeace
y Gaia informes sobre el impacto ambiental del enterramiento de
basura, tal como lo hace la Ceamse, por un lado, y de la incineración
de residuos, por otros, respectivamente. Muchos pusieron el grito
en el cielo ante la formulación de esta última propuesta,
ya que la incineración está expresamente prohibida
por la ley 1854. Desde el ministerio aclararon que “no está
en estudio esa posibilidad, pero tenemos ofertas frecuentes de
sistemas de combustión y necesitamos una evaluación”.
De todas maneras, destacan que el sistema de “combustión
con recuperación de energía se emplea en muchos
países de Europa, donde están prohibidos los rellenos
sanitarios”.
Los contratos de recolección de
residuos vencen en febrero de 2009 y las empresas prestatarias
están en mora con la construcción de los centros
verdes para reciclado. “De los seis centros verdes que exigen
los pliegos se han habilitado sólo dos, de los cuales uno
sólo tiene las instalaciones correctas, el de Bajo Flores”,
advirtió Juan Carlos Villalonga, de Greenpeace.
El 20 de junio se inaugura el centro verde
que la empresa Cliba construyó en un galpón de Retiro
para la Cooperativa El Ceibo. “Y en unos días más
empieza a funcionar la planta provisoria que la empresa Integra
construyó en el Bajo Flores”, dijo a PáginaI12
Alicia Motoya, de la cooperativa de cartoneros El Alamo, que estará
a cargo de ese centro verde. Esa planta, en realidad, debía
estar ubicada en Saavedra –el área de trabajo de
la cooperativa–, pero los vecinos de ese barrio la rechazaron.
Por eso, la empresa habilitó una “playa de transferencia”
en Roosevelt y Constituyentes, Villa Pueyrrredón, para
luego trasladar los materiales al Bajo Flores para su separación.
También despertó polémica
entre los miembros de la comisión la intención del
gobierno porteño de que la comisión “no discuta
las políticas, sino que se limite a monitorear el cumplimiento
de la ley” y a poner “reglas de admisión, pidiendo
acreditación a cada integrante de la comisión por
parte de las organizaciones que representan”. En el Ministerio
de Ambiente aseguran que estos criterios son para “poner
límites a los lobbies de empresas vinculadas con la generación
de residuos”.
La prevención está vinculada
con el proyecto de ley de envases, que consistiría en arancelar
los productos con packaging que contaminan el medio ambiente,
con valores proporcionales al impacto ambiental del envase. Un
capítulo especial, según pudo saber PáginaI12,
merecerían las bolsas plásticas de supermercado,
luego reutilizadas como bolsas de basura, consideradas como uno
de los elementos más contaminantes –especialmente
las que tienen impreso el logo del comercio–, ya que no
se degradan en los rellenos sanitarios. El objetivo sería
estimular a las empresas para que reduzcan los envases y que “se
hagan cargo del costo ambiental que generan”.
La demorada reducción de la basura
que va a los rellenos tendría un primer capítulo
en la disposición de los escombros y productos de la poda,
que “son reutilizables, pero que hoy se derivan a la planta
de transferencia de la Cemase: inexplicablemente, la ciudad paga
por algo que podría utilizar”, dijo a este diario
una fuente del gobierno porteño.
Por
Eduardo Videla, www.pagina12.com.ar, Martes, 03 de Junio de 2008